¿Qué aprenden los niños cuando nos oyen hablar de nuestro cuerpo? La influencia del lenguaje en su relación con la comida y la autoestima

"No puedo comer eso, que luego engordo." "Qué barriga tengo." "Tengo que compensar lo que comí ayer." Muchas veces pronunciamos estas frases sin darles demasiada importancia. Sin embargo, los niños no solo aprenden de aquello que les enseñamos de forma directa. También aprenden observando cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo, con la comida y con los hábitos del día a día. Aunque nuestra intención nunca sea transmitir preocupación por el peso o la imagen corporal, nuestro lenguaje cotidiano puede convertirse en uno de los modelos más influyentes para ellos.

HÁBITOS FAMILIARES

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Los niños aprenden mucho más de lo que escuchan

Durante la infancia, los adultos de referencia desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de la autoestima y de la relación con la alimentación.

Los niños observan:

  • Cómo hablamos de nuestro cuerpo.

  • Cómo reaccionamos cuando nos pesamos.

  • Cómo vivimos las comidas familiares.

  • Qué importancia damos al aspecto físico.

  • Cómo hablamos del cuerpo de otras personas.

Todo ello contribuye a construir sus propias creencias sobre la alimentación, la salud y el valor que damos al cuerpo.

Cuando la comida deja de ser solo comida

Expresiones como:

  • "Hoy me he portado mal porque he comido un pastel."

  • "Mañana toca compensar."

  • "Ese alimento engorda muchísimo."

parecen inofensivas.

Sin embargo, repetidas con frecuencia pueden transmitir mensajes como:

  • Hay alimentos "buenos" y "malos".

  • Comer ciertos alimentos genera culpa.

  • El peso determina el valor personal.

  • El cuerpo necesita ser constantemente corregido.

Estos aprendizajes pueden acompañar a los niños durante muchos años.

¿Qué dice la evidencia?

La investigación muestra que el ambiente familiar influye de forma importante en el desarrollo de los hábitos alimentarios y de la imagen corporal durante la infancia.

Los niños cuyos referentes muestran una relación equilibrada con la comida suelen desarrollar una mayor confianza para reconocer sus señales de hambre y saciedad y una visión más positiva de su propio cuerpo.

Esto no significa que exista una única forma correcta de hablar sobre alimentación.

Significa que el ejemplo cotidiano tiene un peso mucho mayor que cualquier consejo puntual.

Cambiar el lenguaje también educa

No se trata de evitar todas las conversaciones sobre alimentación o cuerpo.

Se trata de cambiar el enfoque.

En lugar de centrar los mensajes en el peso o la apariencia física, podemos hablar de:

  • Energía.

  • Salud.

  • Fuerza.

  • Bienestar.

  • Disfrute de la comida.

  • Diversidad corporal.

  • Cuidado personal.

Pequeños cambios en nuestro lenguaje pueden transmitir valores completamente diferentes.

Los adultos también estamos aprendiendo

Muchas de las frases que utilizamos hoy las escuchamos durante nuestra propia infancia.

Por eso, modificar nuestra forma de hablar no siempre resulta sencillo.

No significa que lo hayamos hecho mal.

Significa que ahora contamos con más información para construir un entorno diferente para nuestros hijos.

Educar también implica revisar nuestros propios hábitos y creencias.

No hace falta ser perfecto

Los niños no necesitan adultos perfectos.

Necesitan adultos capaces de mostrar una relación sana, flexible y realista con la alimentación y con su propio cuerpo.

Habrá días en los que disfrutemos de un helado y otros en los que preparemos una ensalada.

Habrá momentos en los que nos sintamos más cómodos con nuestra imagen y otros en los que no.

Lo importante no es ocultar esas emociones.

Lo importante es evitar que el peso, la culpa o las restricciones se conviertan en el centro de las conversaciones familiares.

En Nutrialde creemos que los hábitos también se aprenden escuchando

En consulta no solo trabajamos qué comen los niños.

También prestamos atención al ambiente en el que crecen.

La forma en la que hablamos sobre la comida, el cuerpo y la salud puede influir en la relación que desarrollarán con la alimentación durante toda la vida.

Porque educar en nutrición no consiste únicamente en enseñar qué alimentos elegir.

También consiste en ayudar a construir una relación saludable con la comida, con el propio cuerpo y con el bienestar desde la infancia.